El hombre siempre ambiciona
lo que poco necesita.
Si no lo tiene, se irrita;
si lo logra, lo abandona.
Así siempre fue en la Historia
y no cambiará, sin duda;
pues de costumbres no muda,
siendo flaca su memoria.
No aprenderá la lección
de su padre y sus abuelos
y sufrirá mil desvelos
para saciar su ambición.
Una vez esté colmada
otro deseo tendrá.
Así siempre ocurrirá,
al ser costumbre heredada.
Legado es de sus ancestros
el obrar de esta manera.
Dudo que escuche, siquiera,
los dichos de sus maestros.
Dios lo forjó de tal guisa
y nunca tendrá remedio:
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